Tal era el personaje que explicaba a dos señoras y a un caballero el
mérito de un cuadro todo negro, en medio del cual se veía apenas una
calavera de color de aceituna y el talón de un pie descarnado.
Representaba la pintura a San Pablo primer ermitaño; el pintor era un
vetustense del siglo diez y siete, sólo conocido de los especialistas en
antigüedades de Vetusta y su provincia. Por eso el cuadro y el pintor
eran tan notables para Bermúdez.
El señor de Palomares vestía un gabán de verano muy largo, de color
de pasa, y llevaba en la mano derecha un jipijapa impropio de la
estación, pero de cuatro o cinco onzas -su precio en la Habana- y por
esto pensaba que podía usarlo todo el otoño. Se creía el señor Infanzón
en el caso de comprender el entusiasmo artístico del sabio comprar esteroides en linea mejor que las
señoras, quien por su natural ignorancia tenían alguna disculpa si no
se pasmaban ante un cuadro que no se veía. Buscó alguna frase oportuna y
por de pronto halló esto:
Se vistió lo más correctamente que supo, y después de verse en el espejo
como un Lovelace que estudia arqueología en sus ratos de ocio, se fue a
casa de doña Obdulia.
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